31 agosto 2009

Llegada a Olympic Peninsula

Esta mañana volvimos a atravesar el desierto, pero contentos y felices por la perspectiva de acabar viendo el mar y el verdor de Olympic. En el desierto, una parada para ver un cañón, los Priest Rapids del rio Columbia. En su tiempo fueron bosque frondoso, pero unos cuantos volcanes acabaron con toda la vegetación, que además quedó petrificada. Aquí los indios Wanapun tallaron unos dibujos en estas momias de árboles (que no vimos porque estaba en la otra orilla del cañón y teníamos ya ansia de ver verde). Una vez pasado el cañón, aparecen por fin algunos árboles (hay que ver lo que se echan en falta), y finalmente atravesamos las verdes Cascade Mountains: alpinas, pinos altíiisimos, picos elevados; muy frondoso, uf que cambio!. A poco de pasar esta zona -unas 40 millas- ya se otea la skyline de Seattle, pero hábilmente nos desviamos hacia Edmons, donde subimos al ferry que nos pasó hacia Kingston, por fín ya en la Olimpic península. Y emocionados por ver el mar.
Allí, nuestra primera parada fue en Port Townsend. La ciudad se construyó en un boom comercial (maderas y puerto) a finales del XIX, pero el trazado final del ferrocarril no llegó hasta aquí, como se planeaba; y tan rápido como subió, se fue a pique. Muchos de los edificios de aquella época próspera, victoriana, se han conservado. La ciudad tiene un aire de puerto antiguo, como un San Francisco en miniatura y en pueblo (salvando las distancias). A nosotros nos pareció preciosa, y una delicia para pasear el puerto, con sus barcos, y el mar allí; encontrarnos de nuevo, aunque esta vez sea el Pacífico.



30 agosto 2009

Hacia el Pacífico

Abandonamos Glacier Park desandando el camino hacia el sur, a buscar nuestra ruta guía: la I-90. Al reencontrarnos con el Flathead Lake, hemos podido descubrir que de norte a sur se ve mucho mejor que de sur a norte (¡qué cosas!). Después hemos tomado una vía secundaria, para acortar, y tras pasar por otra reserva india (se hace muy notoria la pobreza) en un paisaje típico de Montana (ver entrada correspondiente), nos adentramos por el Lolo National Forest. Es un magnífico pinar (de unos árboles estilizados, altísimos, parecidos a abetos pero más afilados y con la copa menos densa) que rodea el río Flathead, junto al que discurren la carretera y la vía del tren.
El bosque continúa aumentando de densidad, el relieve de los montes se acentúa y la I-90 serpentea a la entrada de Idaho. Aquí nos ha caído la sorpresa del día. Para descansar un poco, hemos hecho parada en Cour d'Alene (la ciudad más importante del norte del estado, al borde del lago del mismo nombre y con una misión de los jesuitas fundada a finales del S XIX). De repente, ha sido como encontarse en pleno Mediterráneo: la luz, la maravillosa gama de azules del agua, de las montañas y del cielo, el parque junto al lago, la gente tomando el sol y bañándose, el embarcadero de los cruceros turísticos, los WC públicos hechos una ídem, etc. Y todo en un ambiente de tranquilidad y de disfrute que no lo habíamos visto en estas 3 semanas. Ha sido una pena no poderse quedar: el tiempo aprieta. Y después, nuevo contraste brutal. Apenas salir de Idaho y entrar en Washington, el bosque se transforma en un páramo: el Columbia Platteau. Una llanura inmensa, casi desértica: matorrales, alternados con grandes extensiones de cultivo (principales productores de patatas de USA), unas pocas lagunas, apenas alguna granja y ni rastro de ganado. Desolador. Fin de etapa en Moses Lake, que se autodefine como un oasis (aunque es bastante feo).

Glacier Park

Hoy salimos de Kalispell y nos dirigimos a Glacier Park. Después de visitar parques fabulosos, estábamos intrigados por conocer si éste era tan imponente como lo pintaban. Pues sí, el parque es más que bello. La mayor parte del territorio está en USA, pero continúa en Canada, donde se llama Waterton. Una carretera divide Glacier en una mitad norte y otra sur; le llaman “going to the sun road”. Permite paradas a lo largo del recorrido, en las vistas más espectaculares y también si se quiere adentrarse a pie por los senderos de corto, largo y muy largo recorrido (qué pasada). Si se deja el coche fuera del recorrido, un servicio de microbuses recorre el parque ( "hop on-hop off").
El parque es el conjunto de montañas con sus valles y lagos, tallados por los glaciares. Las vistas son espectaculares, el parque tiene un aspecto realmente virgen. Y eso que sólo tuvimos tiempo de hacer un paseo a pie corto, que con los kilómetros que hay de terreno debe ser impresionante estar en las zonas más remotas. Qué vimos: cascadas, rios limpísimos, lagos, montañas con picos tallados, glaciares (desde lejos), bosques...
El día fue muy soleado, casi ardiente, igual que los últimos de esta semana. Hasta que no aflojó el calor no aparecieron algunos animales como la cabra de montaña, el emblema del parque. Un curioso animal: tiene cara de perro, pelo blanco lanoso y trepa las piedras como si fuera un gato. También vimos rebecos de cuernos retorcidos, águilas, aguiluchos de una especie (osprey), y lo que mas nos gustó (sobre todo a Inés, que llevaba días intentándolo), un alce (moose). A la vuelta de una caminata para ver el una cascada, nos encontramos con unos estudiantes de Seattle que estaban mirando con unos prismasticos desde un lado del lago St Mary, nos los pasaron y ¡por fin! vimos al moose "buceando" para pastar de las hierbas del lago.
Por la noche, alojados en una cabaña de la zona del lake McDonald, por una vez con vistas al lago y no al parking, como es habitual. Aunque lo fardón de verdad es el hotel, que es edificio catalogado.

28 agosto 2009

Montana

De nuevo en marcha, camino de Glacier Park, atravesamos Montana, el estado de moda (según parece) por su naturaleza agreste y su cielo infinito. Pues bien, algo de cierto sí que hay en el eslógan. Siguiendo por la I-90, desde Livingstone, el paisaje es una pradera de color verde grisáceo que se va replegando formando montañas, que en algunos casos llegan a los 3.000 metros, manchadas con bosques de pinos y abetos. Hasta llegar a Missoula, en la que seguimos por la US-93 hacia el norte, hay un tramo especialmente llamativo: el paso por el Beaverhead National Forest, antes de llegar a Butte. El terreno aquí está formado por grandes rocas rojizas de formas muy variadas entre las que van saliendo los pinos hasta formar un bosque muy frondoso.
Ya en la US-93 (en obras, claro), atravesando el Mission Valley (con nombres de pueblos tan sugestivos como Sant Ignatius - con una iglesia católica de 1890 - o Juniper), donde está la reserva india de Salish-Kootenai (con letreros bilingües en inglés y en el idioma de los indios: no se entiende nada), llegamos al Flathead Lake. Un precioso y enorme lago glaciar al que es difícil llegar a la orilla (es en gran parte privada: es un sitio de veraneo bastante conocido por aquí) y al que las Mission Mountains le pone un fondo de postal.
Fin de etapa en Kallispell - un encantador pueblo con aires a medio camino entre veraneo elegante, farwest y montaña - donde hemos dado con un hotel de los que aqui llaman históricos (es decir, decoración afectada de un acusado horror vacui, mobiliario con aires victorianos; pero bien cuidado y con muchos detalles... en fin, decididamente delicioso) . En el paseo, necesario para estirar las piernas después de tanto coche, nos hemos encontrado con su animada feria de los jueves. Consiste en algo muy parecido a un mercadillo (que, eso sí, ha acabado puntualmente a las 20.00) con puestos de artesanía, peleas a estacazos (de verdad: aunque los luchadores iban con armadura y casco), helados, fideos japoneses, cebollas grandes como melones, una niña prodigio del piano (que no la hemos oído) y un conjunto de provectos rockeros (a los que sí hemos oído).

27 agosto 2009

Yellowstone 2

Antes que nada, una pequeña anotación a la entrada de ayer. La foto que sale después del último párrafo no corresponde al tranquilo arroyo truchero a que hace referencia el texto.

Bien. Hecha esta aclaración que creía importante, el día de hoy ha estado dedicado a un relajado tour, bajo un sol implacable, por el nordeste del parque. Es la que llaman región Roosevelt y es la más silvestre de esta enormidad de sitio. El paisaje es fundamentalmente montañoso (hay unos cuantos picos de más de 3.000 metros), con praderas amplias y ríos bravos (por los indicios, debe ser un paraíso de los pescadores: se les ve por todos lados). También aquí es donde está el árbol petrificado (por ahí nos habían dicho que era un bosque, pero parece que los cazadores de souvenirs lo esquilmaron). Se trata de un tronco bastante imponente que, debido a la lluvia de cenizas de una erupción volcánica del eoceno, quedó convertido en una especie de momia pétrea. En cuanto a la fauna, sigue el predominio de bisontes (muchos), renos (o ciervos) y unos simpáticos roedores parecidos a los perritos de la pradera. De osos y alces, ni rastro.

Otra cosa interesante que hemos visto, ésta en la zona norte del parque, son los Hot Springs, unos manantiales de aguas muy calientes y sulfurosas (se reconoce por su olor a... eso) que caen por terrazas de un color blanco muy llamativo y que dejan a su paso unos regueros amarillo verdosos. Aquí proliferan bacterias termófilas y parece ser que son objeto de estudio de la vida en condiciones extremas para analizar, entre otras cosas, la posibilidad de vida en otros planetas (lo cierto es que más de una vez parece sentirse uno en otro planeta al ver lo que hay por aquí... y básicamente me refiero a los fenónenos geológicos).

Ah!, y en referencia al sol, hay que tener en cuenta que el parque está entre 2.000 y 2.600 metros de altitud, con lo que el astro rey pega fuerte. Así, estamos consiguiendo unos bronceados-camiseta muy interesantes (muy especialmente el del conductor, con una asimetría en la coloración entre las extremidades superiores realmente lograda).

Otra cosa que nos ha llamado la atención es la súbita proliferación de turistas japoneses: no nos los habíamos encontrado hasta llegar a Yellowstone (y se ven muchos por aquí). Ahora que, pensándolo bien, parece bastante consistente con sus hábitos viajeros por Occidente: todos juntos al "must" de cada sitio, sacar muchas fotos y, después, salir volando hacia otro lado (¿se habrán enterado de algo?).

Y para reponerse de tanta experiencia geotérmica y tanto picnic junto a arroyos trucheros (llevamos tres días seguidos), esta noche nos toca un auténtico festín en Yellowstone Mine (el restaurante de la lado del hotel) con su delicioso "Mouth-Watering-Montana-Beef-Steak-Sirloine" hecho al punto exacto y maridado a la perfección con una Black Foot Montana Beer.

26 agosto 2009

Yellowstone 1

Hoy salimos de Teton, y siguiendo carretera al norte, entramos en Yellowstone. Esta zona también era territorio indio; en este caso, de la tribu de los Shoshones (tal cual), pero hasta hace un par de días, como quien dice, no la pisó el hombre blanco. El primero que la vió alucinó, y los siguientes, también. Incluye la zona con más geiseres del mundo, un bosque petrificado, el lago alpino más grande de los USA, la reserva de vida animal salvaje más grande del territtorio continental USA (les gusta muuucho a los norteamericanos la enumeración tipo Hit-parade). En consecuencia, fue el primer parque nacional del pais.
El parque se divide en 5 zonas; cada una de ellas con personalidad diferente, por sus peculiaridades. Una carrerera central (loop) distribuye los accesos a las diferentes zonas. Hoy hemos comenzado por la zona sudoeste, que contiene la mayoría de los geiseres. El cálculo del tiempo entre dos distancias del parque no suele ser exacto. Por las obras de pavientado y por las paradas de los coches. Cuantos más coches se paran suele ser indicador seguro de más animales a la vista. En nuestro caso: bisontes varios cruzando la carretera, renos en manada y coyote.
Los geiseres son un espectáculo de colores y actividad de humos varios (algunos con alegre olor a azufre). Los hay de aguas azules, blancas, multicolores, borboteantes, lodosos, secos, vaporosos y en chorro. El más famoso, el Old Faithful, tuvo a bien emitir su famoso chorro minutos antes de nuestra llegada. Como la siguiente actuación era al cabo de una hora, seguimos ruta, bordeando el lago Yellowstone en la zona sudeste.

Hoy el picnic lo hicimos al lado de un arroyo truchero. Con cuidadito de no dejar restos para el oso Yogui...

Grand Teton

Amanecimos en la cabaña alpina de Gran Teton, y después de un estupendo desayuno a "la americana" en la cabaña-restaurante (prohibidísimo cocinar en las cabañas, que atrae a los osos), nos dirigimos a explorar este parque. Como llegamos de noche no sabíamos qué nos esperaba. Y lo que encontramos fue una maravilla: en la distancia se alzan los 4 Tetons (ojo, pronunciado títon), cumbres alpinas, en las laderas bosque de pinos, en la base lagos y estanques, y por delante una enorme pradera de salvia y otras hierbas pasto de bisontes. Uno de los atractivos de este parque, además de la vida natural salvaje y silvestre, de sus miles de acres (y eso que todavía no sabemos traducir los acres, las yardas y los pies), es poder admirar la perspectiva de esas cumbres altísimas y nevadas, con el plano de pradera por delante.
Para bajar el desayuno nos dedicamos a pasear por algunos de los senderos recomendados, siempre alerta con los osos, especialmente a la hora del pícnic (dicen que al caer una hoja, la ve el águila, la oye el ciervo, la huele el oso). Un primer paseo alrededor de unos pequeños lagos: Colter bay, Swan lake, Heron pond ("easy"). Otro paseo ("moderately extenous"), después de cruzar en bote el Jenny Lake, hacia la cascada Hidden Falls y luego caminito de cabra (de pronghorn), hasta un inspiration point, con perspectiva sobre el lago y toda la llanura. Precioso. Para volver, a pesar de las protestas del elemento juvenil, vuelta paseando, por un camino frondoso que rodea el lago. Por el camino, esperábamos avistar algún oso (el negro, de morro liso y orejas puntiagudas, más pequeño, o el grizzly, con escalón en el morro, oreja redonda, más fiero), pero no hubo oportunidad de poner en práctica todas las técnicas de huida o defensa en las que fuimos convenientemente aleccionados.Acabamos el tour del día rodeando el parque por la carretera exterior, y entrando de nuevo por el acceso superior. En la entrada, cuando le damos el pase a la ranger, de pronto saca medio cuerpo fuera de la cabina y exclama "Oh my Gosh, a black bear, there!!"; y sí, vimos un oso negro cruzar la carretera.

Atravesando Wyoming

Después de una noche escasamente reparadora en un motel del que no vamos a dar detalles, emprendemos la etapa más larga del viaje: más de 1.000 kilómetros de una tacada. Para animarnos, al poco de salir nos encontramos en Deadwood (South Dakota) con una gran fiesta anual de aficionados a los coches clásicos (parece que se llegan a juntar unas 500.000 personas), que, cómo no, hacen desfilar sus coches ante el entusiasmo de la multitud. ¡Este país es genial!.Seguimos ruta hacia la Devil’s Tower (ya en Wyoming). Es una formación geológica muy curiosa. Según parece, es fruto de una erupción de magma por una especie de chimenea subterránea que se solidificó y al ser más dura que la tierra que la rodeaba, con el tiempo fue emergiendo (es decir, la erosión hizo que se hundiera el suelo a su alrededor). El resultado es muy llamativo. Era una montaña sagrada de los indios (tenían al respecto una bonita leyenda con oso gigante y niñas desvalidas) y la utilizó Spielberg como punto de contacto con los marcianos en “Encuentros en la 3ª Fase”. El recorrido por el centro de Wyoming es duro (una pradera árida y lisa, sin casas ni árboles, sólo aparece alguna vaca de vez en cuando), pero cambia radicalmente cuando llegas a Buffalo (por cierto, el sitio que comimos nos atendió una señora casada con un navarro de Navarra). A partir de aquí, en vez de la ruta recomendada por Google Maps, te diriges a las montañas Bighorn siguiendo la ruta US 16, las atraviesas, después otro tramo de pradera, Cody (la ciudad Bufallo Hill y capital mundial del Rodeo: sin comentarios) y entrada en Yellowstone. Esta es una de las mejores carreteras por las que he hemos conducido: poco tráfico (puedes llegar a pasar 50 kilómetros sin ver un solo coche), un paisaje anonadante que va cambiando constantemente (pinares, montañas, gargantas, ríos, praderas), carretera ancha, bien asfaltada y con un trazado perfecto. Si se disfruta con la tartana que llevamos, con un coche de verdad debe ser…
Acabamos el día cruzando Yellowstone (ya noche cerrada, por tramos de pista sin asfaltar) hasta nuestro punto de deseadísimo reposo en Grand Teton en medio del frío, la lluvia, la oscuridad y los osos al acecho.

23 agosto 2009

Black Hills

A pocas millas de Badlands, de nuevo contraste: Black Hills National Park. Cordillera de hasta 2000 metros, con paisaje alpino. Le llaman Black Hills por lo frondoso del pinar; desde lejos se ve una masa negra. Dentro del parque nacional hay varias áreas-recorridos-parques. Fauna local salvaje: siguen los búfalos, ciervos, perritos de las praderas, mulos, águilas, moteros y pinos, pinos y pinos. De tanto en tanto, idílicos lagos de montaña. Aprovechamos el calor del mediodía para bañarnos en uno de ellos, en sus aguas limpias y frecas, pero verdosas y llenas de hierbas.
Después de engullir haburguesas (de búfalo) en un bar Far West atendido por camareros chinos (pero que hablan mucho mejor que nosotros el inglés), toca recorrido monumental, por lo que empezamos viendo el Crazy Horse Monument: una auténtica apoteosis kitsch de la epopeya sioux (y su expulsión de estos territorios, que eran suyos). Se trata de una escultura sobre la montaña (como el monte Rushmore, pero más grande todavía) que representa la efigie del guerrero lakota Crazy Horse y su caballo. Llevan unos 60 años trabajando (el Rushmore se hizo en 14) y ya tienen la cabeza hecha. Todo esto se explica en un video, adquirible - cómo no - en DVD, en la tienda de recuerdos, bajo el título:"Sueños y Dinamita". Clarísimo. Y ya, para acabar el día, visita al Mount Rushmore. Aquí, tallados en la mole están Washington, Lincoln, Jefferson, y de rebote, Th. Roosevelt (las malas lenguas dicen que era porque tenía gafas y al escultor le interesó el reto, muy chulo él). Llegamos a última hora, después de salir vivos de la Needle Highway, una carretera de montaña llena de curvas en pigtail y pinhole (tal cual, es cierto), pero que es una forma imponente de ver por primera vez el monumento, que queda enmarcado en la distancia, al salir en la carretera de uno de sus túneles en piedra. La visita, espectacular; incluyendo un nuevo acto de exaltación patriótica, pero esta vez más interesante.

Badlands (21-22 de agosto)

Después de millas y millas (para ponerse locales) de llanura de cultivos de secano, la aparición de las Badlands es todo un choque. Se trata de un área desértica de erosión que corta brutalmente la pradera en dos niveles (inferior, al oeste, y superior, al este). Alguien lo describe como el Cañón del Colorado pero puesto del revés.
La verdad es que pese a que se trata de un paraje aparentemente árido y muy duro, tiene un gran atractivo. Por si fuera poco, el recorrido por el Parque lleva también por la pradera inferior y, además de las vistas espectaculares sobre las rocas, el contraste de sus colores blanco y rosa con el azul brillante del cielo y la gama de verdes de la pradera, va apareciendo la fauna autóctona (perritos de la pradera, bisontes, cabras, gamos). Una visita imprescindible.
Dentro del Parque hay varios camping y un solo alojamiento en bungalows, que es donde hemos estado. No hemos podido resistir apuntarnos en una actividad de presentación del cielo nocturno que se organiza en el Parque. La cosa iba de un ranger que nos pasaba un power-point en una pantalla gigante, en un espacio al aire libre y con unos efectos de sonido bastante mejorables. Íbamos soportándolo bastante bien (a la espera de que acabara y poder ver el cielo) cuando, para nuestra sorpresa, el asunto, a partir del comentario sobre el peligro de la contaminación lumínica, empieza a derivar hacia la importancia de las estrellas en nuestra vida, asoma la bandera nacional en la pantalla - con todas sus estrellas, claro - y se menciona a todos los que han dado su vida por ella. A continuación hacen levantar a los militares presentes, el público, puesto en pie, aplaude y acaba el show con una empalagosísima balada que debíamos cantar todos los presentes (si había dudas, la letra se iba proyectando). Y nosotros, en vez de sumarnos al coro, preguntándonos qué tendría que ver todo aquello con la astronomía. Eso sí, el cielo (cuando hemos podido mirar hacia arriba con un mínimo de tranquilidad), una pasada: nunca habíamos visto tanta estrella y podemos asegurar que la Vía Láctea existe.

South Dakota (21 de agosto)

Pues por si no teníamos llanura suficiente, ahí estaba South Dakota esperándonos: otra tirada de kilómetros en línea recta bajo un cielo espectacular, por carreteras de cuarcita rosa (pink roads), a través de campos y más campos hasta llegar al Missouri (el río que marca el límite entre el medio oeste y el far west), donde cambia el paisaje (se empieza a ondular un poco y aparecen vacas).
Aún así, antes de llegar, teníamos la parada inexcusable en Mitchell para ver su Corn Palace. Se trata de un edificio de aire morisco (dicen… aunque a mi me ha recordado más a un Taj Mahal de guardarropía) que, desde 1896, decoran cada año con espigas y mazorcas de maíz cortadas por la mitad a lo largo y pegadas sobre un fondo de papel negro. No tiene desperdicio. El tema de este año era Destinos de América y para hacer los plafones, habían utilizado 12 tipos diferentes de maíz (no lo pintan). En su interior, una exposición con fotos de las decoraciones de todos los años, unos puestecitos de venta de chucherías (de maíz) y una gran sala, medio cancha de baloncesto, medio teatro, decorada también con los consabidos plafones de mazorcas. No tiene desperdicio: es encantadoramente kitsch. Para reponernos de tantas emociones y cargar pilas para seguir por la llanura, nos metimos en un bar que daban café espresso (¡por fin!) y la dueña, enternecida por nuestras muestras de agradecimiento, nos puso para acompañar el café una tapa generosa de nachos (de maíz) con salsa picante. No pudimos negarnos a dar buena cuenta de ellos y mostramos aún mayor gratitud (con lágrimas en los ojos, diría yo).
Seguimos etapa y poco antes de llegar a las Badlands, en un sitio llamado Kendall, otro letrero de la autopista nos empuja sin remisión a hacer una parada: ¡un auténtico poblado far west a nuestro alcance!. Resulta que, trasladando edificios históricos conservados en diversos rincones del estado, reconstruyeron lo que debería ser un poblado del oeste de 1880 (con su saloon, hotel, tienda de comestibles, consulta del médico, estación de tren, etc.). Dejando aparte algún interior poco conseguido, el número de que anden actores simulando atracos al banco o cosas similares, o que alquilen vestidos de época para que los visitantes se puedan sentir el más rápido de este lado del Missisipi o la chica más alegre del saloon, la cosa me ha parecido que tenía su interés (y lo digo bastante en serio). Finalmente, llegada a las Badlands, pero esto merece una entrada aparte

Minnesota (20 de agosto)

Hoy hemos atravesado todo el sur del estado de Minnesota de este a oeste y lo que podría haber sido una dura prueba, ha sido algo menos de lo esperado. La primera parte, el extremo sudeste, empezaba con el cruce del Missisipi en La Crosse. Una vuelta por un parque a la orilla del río nos ha permitido hacer unas tomas del puente sobre el río (que ya es bastante caudaloso a estas alturas). Después, seguimos por la US 16 atravesando el Harwood National Forest: un trayecto muy agradable, junto a un río, por un área boscosa con algunas (pocas) granjas y algún pueblo muy cuidado (Lanesboro). La impresión que da es de ser una zona de vacaciones. Una vez pasado Rochester (Clínica Mayo), tomamos la US 14 hacia el oeste con paradas en New Ulm (porque nos estábamos durmiendo) para tomar un café en un típico restaurante de carretera y en Walnut Grove (aquí, porque nos encontramos un cartel en la carretera que decía que había una de las casas de infancia de Laura Ingalls, la de la Casa de la Pradera, y nos ha hecho gracia). Esta segunda parte de la etapa sí que es una llanura interminable de cultivos, con alguna laguna de vez en cuando y con bastante baja densidad de población. Final de etapa en Pipestone, en el límite con Dakota del Sur y punto equidistante entre el Atlántico y el Pacífico. Lo de Pipestone hace referencia a una piedra que trabajaban los sioux (cuarcita rosa), con la que están hechos algunos de los edificios del pueblo (entre ellos, nuestro hotel). El hotel es una experiencia Far West auténtica en cuanto a mobiliario y decoración (y estado de conservación también).

20 agosto 2009

Wisconsin

Después de la locura de Chicago, volvemos a la América rural con el paso por Wisconsin. El paisaje es ahora ondulado y boscoso (en la foto no se ve mucho, pero es que como esta nos ha quedado bonita y da ambiente...), con muchos lagos, granjas, vacas, silos de color marrón-rojo y tejados blancos (el de la foto tampoco es así, pero la gran mayoría lo eran... ¡de verdad!) y casas de madera de colores claros con ventanas de guillotina. Las construciones tienen un aire muy escandinavo: la colonia de origen nórdico y alemán es muy importante. El estado es famoso por sus quesos (a sus nativos se les conoce como los cabezaquesos, pero los que hemos visto, aparte del aspecto inconfudiblemente nórdico, tenían unos cráneos aparentemente normales).
El día se presentaba plácido: una vuelta por el Lake Geneva, paseo por la capital (Madison) y visita a Taliesin (el santuario Lloyd Wright: un paraje idílico donde el arquitecto tenía su estudio-escuela). Pues bien, las obras que parece que están haciendo en todas las autopistas de EEUU este verano, con sus reducciones de carriles y los consecuentes atascos, hoy venían con el plus añadido de 4 carreteras cortadas. Así que el plan inicial, por los aires. Descartadas las visitas al lago y a la ciudad, nos hemos dirigido directamente a Taliesin. Allí nos han comunicado que sólo había 3 billetes disponibles para la visita y, como somos 4, la decisión era difícil. Finalmente, todo se ha resuelto con una estupenda hamburguesa, de ternera de Wisconsin supongo, en el café del Visitors Centre (edificio y mobiliario diseñado, of course, por LlW) atendidos por una encantadora camarera rubia, alta, de ojos azules, de aspecto inconfundiblemente nórdico (lo siento, chicos, no hay foto).
Fin de etapa en un motel de Viroqua y mañana (espero), cruzamos el Mississipi camino de Pipestone, Minnesota.
Más fotos en ese album

19 agosto 2009

Bye, bye, Chicago

Y para despedirnos de Chicago, lo celebramos la mar de bien, cenando con un amigo, Andrés, que está realizando allí su fellowship en Oncología infantil. Nos llevó a un chineese-bistrot genial: muy buena comida y ambiente agradable. Eso sí, para seguir la tónica general, con el aire acondicionado a toda pastilla. Por lo que Andrés nos explicaba del invierno en Chicago, será para que no se olviden. Bueno, Andrés, esperamos volver pronto, fue un placer volverte a ver!

Última jornada en Chicago

Los dos días se nos han pasado volando y con la sensación de que apenas hemos rozado las maravillas de esta ciudad deslumbrante. Merece ser conocida en profundidad (¡habrá que volver con más tiempo...!).
Hoy hemos dado una vuelta por el parque Milenium (fascinante la Cloud Gate - la foto de la entrada de ayer - y genial el ambiente de los niños jugando en el agua de la Crown Fountain: son obras de arte que, además de ser contempladas, te permiten disfrutarlas de muchas otras maneras).
Después, la visita al Institute of Art. Había una interesantísima exposición de biombos japoneses, con piezas que iban desde el siglo XVI hasta 1990. En cuanto los fondos del museo, como el MFA de Boston, son una selección de obras que abarca desde el arte africano y precolombino hasta el actual, muy equilibrada y bien presentada. Como cosas a destacar, una muy muy buena (pero mucho) colección de pintura impresionista y moderna. Y dos detalles singulares: en las salas de arte americano acompañaban los cuadros con muebles y otros objetos coetáneos (buena idea para tener una visión global de la época) y el otro, el que algunas salas de arte moderno tenían una de sus paredes abiertas hacia la vista de los rascacielos (¡les encanta lucir su arquitectura!... y con razón)
Después del museo, un paseo por la orilla del lago y el parque Grant hasta el planetario. Y, para acabar la tarde, derrengados, un rato tirados en el césped, al pie del planetario, al atardecer, ante el lago y volviendo a maravillarse con otra perspectiva de la fachada de la ciudad. ¡Una gozada!

18 agosto 2009

Chicago

Hoy inmersión total en Chicago. Vaya cambio respecto a la vida sencilla de los Amish. El checaugou de los indios potawatomi (checaugou = cebolla silvestre, que era lo único que crecía aquí), se ha transformado después del gran incendio en una exhibición apabullante de arquitectura e ingeniería. En todas sus manifestaciones: rascacielos, escultura al aire libre, modificaciones del cauce del río. El tour en barca por el cauce del rio es espectacular. También la vista desde el restaurante del piso 96 de la torre Hancok. La ciudad, además, rebosante de restaurantes, clubs de jazz, tiendas para todos los gustos. Y ruidosa. Ambulancias, música, bocinas. Pues será que nos estábamos acostumbrando ya a la América rural y sus campos de maíz. Bueno, la ciudad es fascinante y atractiva, ufanos que están de ella sus habitantes. Y nosotros, fascinados, tirando del carrete de fotos. Para muestra, un botón, pero cuando tengamos un rato, dejaremos colgadas otras fotos en un album. Mañana más visita a la ciudad, que será nuestro último día en Chicago antes de seguir ruta hacia el far west.

17 agosto 2009

Por tierras Amish




Hacia la zona oeste del norte de Indiana llegamos a unos condados donde hay comunidades Amish. No son tan numerosas como en Ohio ni en Pensylvania, pero nos los encontramos varias veces en la carretera, con sus calesas; incluso vimos unas mujeres trabajando en el campo. Cosa rara, porque era domingo y deberían estar en sus oficios religiosos.
Por la mañana nos paramos en Napannee, donde hay una granja Amish fuera de uso y cedida para explotación como museo, restaurante, teatro y cómo no, con tienda (Amish Acres). Es muy curioso. Las casas originales de la granja están conservadas con su mobiliario e instrumentos: cómo conservaban alimentos, cómo trabajaban la madera, etc. Estas comunidades migraron desde Europa en el siglo XVIII, donde estaban perseguidos y en este país encontraron su espacio. Y siguen con sus norma estrictas, de "gente sencilla" como se llaman. Nada de electricidad, de coches, ni teléfonos, que todos estos elementos de la vida moderna pueden contaminar su sencillez. Aunque algunos son algo menos estrictos y tienen una cabina de teléfono. Eso sí, fuera de la casa. Y su ropa, tan estricta, o esas capuchitas que usan las mujeres. Muy curioso.