Teniendo en cuenta que hemos recorrido unos 9.900 Km y atravesado 17 estados en estos 28 días, puede deducirse que la carretera ha sido uno de los aspectos clave del viaje. En general, obras aparte (nos las hemos encontrado por todos lados y el incordio que ha supuesto ha sido variable, con algunos hitos como el atasco en West Virginia o el paso nocturno por Yellowstone bajo la lluvia), nos ha sido fácil movernos: las carreteras son buenas, están bien señalizadas y se encuentran buenos mapas. Aquí también hay que recordar el placer de la conducción por las carreteras de Wyoming: en alguna guía turística (local) hemos leído que ese estado es el paraíso del conductor... y no están demasiado lejos de la verdad.
En referencia a los tópicos, el de la gasolina barata (efectivamente: estaba a 0,50 €/litro, ¡pero los coches automáticos gastan más!) y el de los límites de velocidad, el segundo merece un comentario. Hemos notado que los topes legales, y la flexibilidad de los conductores al interpretarlos, van aumentando de Este a Oeste de tal forma que las velocidades máximas permitidas en carreteras secundarias de Wyoming y Montana (75 mph) son superiores a las de autopistas de la costa Este (raramente superan las 65 mph). En esto, como en muchas otras cosas - como, por ejemplo, la desaparición en este punto de los peajes en la I90, nuestra ruta de referencia - hemos notado que el punto de inflexión era Chicago. Por cierto, que la entrada en esta ciudad fue toda una prueba de tolerancia al estrés: una autopista de 6 carriles con un tráfico intenso de coches a toda velocidad haciendo zigzag y nosotros, en medio, intentando localizar cuál era nuestra salida (evidentemente, no atinamos con ella). En todo caso, hemos ido siguiendo la velocidad general del tráfico y no hemos tenido problemas (a la espera de que nos pueda llegar alguna multa por correo: tengo un adelantamiento a 3 coches a casi el doble de la velocidad permitida - que era muy bajo, la recta muy larga y los coches muy lentos - en el interior de Yellowstone que tiene todos los puntos).
En cuanto al comportamiento de los conductores, si no cometes alguna irregularidad por la que se incomoden, es correcto y tranquilo (excepto, quizás, en Chicago, donde, como todo lo que hemos visto en esta ciudad, se va muy rápido y a toda presión: se oyen bocinazos frecuentes, sirenas a todas horas). Ahora bien si haces algo mal (he tenido ocasión de comprobarlo en un par de ocasiones), reaccionan muy airadamente.
Hemos evitado las autopistas siempre que nos ha sido posible. Aún, así estas también son interesantes, sobre todo para hacerse una idea del parque móvil del país. En cuanto a los coches, son todos de gasolina, los hay de todos los tamaños (a partir del medio-grande, por supuesto) y formas, aunque han perdido práticamente la personalidad de los clásicos coches americanos de años atrás. Lo que ahora se ve es de un estilo a medio camino entre europeo y oriental con algunos detalles de gusto americano. Más o menos la mitad de los coches son japoneses-coreanos, aunque acaban no siendo demasiado diferentes de los de las marcas americanas "de toda la vida". Donde sí se mantiene un estilo propio reconocible es en los pick-ups (abundantísimos a partir del Medio Oeste) y, sobre todo, en los camiones, de los que es difícil ver dos iguales... y todos espectaculares (¡y corren mucho!). Tampoco faltan los moteros, sobre todo en Ohio e Indiana, montados en sus harleys (por supuesto) y con toda la parafernalia propia de la tribu (mucho cuero y edad avanzada: pocos menores de 50 años...).
En referencia a los tópicos, el de la gasolina barata (efectivamente: estaba a 0,50 €/litro, ¡pero los coches automáticos gastan más!) y el de los límites de velocidad, el segundo merece un comentario. Hemos notado que los topes legales, y la flexibilidad de los conductores al interpretarlos, van aumentando de Este a Oeste de tal forma que las velocidades máximas permitidas en carreteras secundarias de Wyoming y Montana (75 mph) son superiores a las de autopistas de la costa Este (raramente superan las 65 mph). En esto, como en muchas otras cosas - como, por ejemplo, la desaparición en este punto de los peajes en la I90, nuestra ruta de referencia - hemos notado que el punto de inflexión era Chicago. Por cierto, que la entrada en esta ciudad fue toda una prueba de tolerancia al estrés: una autopista de 6 carriles con un tráfico intenso de coches a toda velocidad haciendo zigzag y nosotros, en medio, intentando localizar cuál era nuestra salida (evidentemente, no atinamos con ella). En todo caso, hemos ido siguiendo la velocidad general del tráfico y no hemos tenido problemas (a la espera de que nos pueda llegar alguna multa por correo: tengo un adelantamiento a 3 coches a casi el doble de la velocidad permitida - que era muy bajo, la recta muy larga y los coches muy lentos - en el interior de Yellowstone que tiene todos los puntos).
En cuanto al comportamiento de los conductores, si no cometes alguna irregularidad por la que se incomoden, es correcto y tranquilo (excepto, quizás, en Chicago, donde, como todo lo que hemos visto en esta ciudad, se va muy rápido y a toda presión: se oyen bocinazos frecuentes, sirenas a todas horas). Ahora bien si haces algo mal (he tenido ocasión de comprobarlo en un par de ocasiones), reaccionan muy airadamente.
Hemos evitado las autopistas siempre que nos ha sido posible. Aún, así estas también son interesantes, sobre todo para hacerse una idea del parque móvil del país. En cuanto a los coches, son todos de gasolina, los hay de todos los tamaños (a partir del medio-grande, por supuesto) y formas, aunque han perdido práticamente la personalidad de los clásicos coches americanos de años atrás. Lo que ahora se ve es de un estilo a medio camino entre europeo y oriental con algunos detalles de gusto americano. Más o menos la mitad de los coches son japoneses-coreanos, aunque acaban no siendo demasiado diferentes de los de las marcas americanas "de toda la vida". Donde sí se mantiene un estilo propio reconocible es en los pick-ups (abundantísimos a partir del Medio Oeste) y, sobre todo, en los camiones, de los que es difícil ver dos iguales... y todos espectaculares (¡y corren mucho!). Tampoco faltan los moteros, sobre todo en Ohio e Indiana, montados en sus harleys (por supuesto) y con toda la parafernalia propia de la tribu (mucho cuero y edad avanzada: pocos menores de 50 años...).
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