
De nuevo en marcha, camino de Glacier Park, atravesamos Montana, el estado de moda (según parece) por su naturaleza agreste y su cielo infinito. Pues bien, algo de cierto sí que hay en el eslógan. Siguiendo por la I-90, desde Livingstone, el paisaje es una pradera de color verde grisáceo que se va replegando formando montañas, que en algunos casos llegan a los 3.000 metros, manchadas con bosques de pinos y abetos. Hasta llegar a Missoula, en la que seguimos por la US-93 hacia el norte, hay un tramo especialmente llamativo: el paso por el Beaverhead National Forest, antes de llegar a Butte. El terreno aquí está formado por grandes rocas rojizas de formas muy variadas entre las que van saliendo los pinos hasta formar un bosque muy frondoso.
Ya en la US-93 (en obras, claro), atravesando el Mission Valley (con nombres de pueblos tan sugestivos como Sant Ignatius - con una iglesia católica de 1890 - o Juniper), donde está la reserva india de Salish-Kootenai (con letreros bilingües en inglés y en el idioma de los indios: no se entiende nada), llegamos al Flathead Lake. Un precioso y enorme lago glaciar al que es difícil llegar a la orilla (es en gran parte privada: es un sitio de veraneo bastante conocido por aquí) y al que las Mission Mountains le pone un fondo de postal.

Fin de etapa en Kallispell - un encantador pueblo con aires a medio camino entre veraneo elegante, farwest y montaña - donde hemos dado con un hotel de los que aqui llaman históricos (es decir, decoración afectada de un acusado horror vacui, mobiliario con aires victorianos; pero bien cuidado y con muchos detalles... en fin, decididamente delicioso) . En el paseo, necesario para estirar las piernas después de tanto coche, nos hemos encontrado con su animada feria de los jueves. Consiste en algo muy parecido a un mercadillo (que, eso sí, ha acabado puntualmente a las 20.00) con puestos de artesanía, peleas a estacazos (de verdad: aunque los luchadores iban con armadura y casco), helados, fideos japoneses, cebollas grandes como melones, una niña prodigio del piano (que no la hemos oído) y un conjunto de provectos rockeros (a los que sí hemos oído).

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