06 septiembre 2009
Epílogo (IV): Lugares
Epílogo (III): Ciudades y pueblos
Epílogo (II): Restaurantes y hoteles
- Trumbull House en Hanover, New Hampshire. Encantador Bed & Breakfast en una preciosa casa típica de Nueva Inglaterra, a las afueras de una ciudad creada alrededor de una universidad privada (bastante exclusiva, por cierto). Algo caro para los estándares del país.
- Riverside Inn en Cambridge Falls, Pennsylvania. Sensacional hotel histórico (de 1880), repleto de antigüedades (alguna de un gusto dudosillo), con un precioso jardín y buen mantenimiento. Muy animado (es el centro de vida social del pueblo)
- Calumet Inn en Pipestone, Minnesota. Otro hotel histórico, en edificio catalogado, decorado con antigüedades de aire far west. Un tanto decrépito, pero francamente interesante.
- Cedar Pass Lodge en Interior, South Dakota. Único alojamiento en el interior de las Badlands. Una cabaña cómoda en un entorno impresionante.
- Colter Bay Village en Grand Teton, Wyoming. Un complejo cerca del Jackson Lake (era un campamento de señoritas de buena familia del Este allá por los años 20) con preciosas y amplias cabañas de madera en un lugar idílico. Espléndido buffet de desayunos (con ese bacon tan crujientito...)
- Grand Hotel en Kallispell, Montana. De nuevo, un encantador hotel histórico, cómodo y muy bien conservado
- Lake Mac Donald Lodge en Glacier Park, Montana. Uno de los pocos alojamientos en el interior del parque. Es un complejo de vacaciones (hotel, cabañas y embarcadero) de los años 20. Todo en madera, aire de montaña y a la orilla del lago. Las instalaciones algo justas, pero suficientes y el entorno...
- Kalaloch Lodge en Olyimpic Penisula, Washington. Otro complejo de vacaciones histórico, frente al Pacífico, con un buen restaurante, en muy buen estado (pero con un servicio de habitaciones mejorable)
¡Ah! y entre los sitios de tomarse un café no hay que olvidar el 100% típico restaurante de carretera de New Ulm (Minesota), el Cherry Street Coffe House de Seattle y el Quinault Lake Lodge de la Olympic Peninsula.
Epílogo (I): En carretera
En referencia a los tópicos, el de la gasolina barata (efectivamente: estaba a 0,50 €/litro, ¡pero los coches automáticos gastan más!) y el de los límites de velocidad, el segundo merece un comentario. Hemos notado que los topes legales, y la flexibilidad de los conductores al interpretarlos, van aumentando de Este a Oeste de tal forma que las velocidades máximas permitidas en carreteras secundarias de Wyoming y Montana (75 mph) son superiores a las de autopistas de la costa Este (raramente superan las 65 mph). En esto, como en muchas otras cosas - como, por ejemplo, la desaparición en este punto de los peajes en la I90, nuestra ruta de referencia - hemos notado que el punto de inflexión era Chicago. Por cierto, que la entrada en esta ciudad fue toda una prueba de tolerancia al estrés: una autopista de 6 carriles con un tráfico intenso de coches a toda velocidad haciendo zigzag y nosotros, en medio, intentando localizar cuál era nuestra salida (evidentemente, no atinamos con ella). En todo caso, hemos ido siguiendo la velocidad general del tráfico y no hemos tenido problemas (a la espera de que nos pueda llegar alguna multa por correo: tengo un adelantamiento a 3 coches a casi el doble de la velocidad permitida - que era muy bajo, la recta muy larga y los coches muy lentos - en el interior de Yellowstone que tiene todos los puntos).
En cuanto al comportamiento de los conductores, si no cometes alguna irregularidad por la que se incomoden, es correcto y tranquilo (excepto, quizás, en Chicago, donde, como todo lo que hemos visto en esta ciudad, se va muy rápido y a toda presión: se oyen bocinazos frecuentes, sirenas a todas horas). Ahora bien si haces algo mal (he tenido ocasión de comprobarlo en un par de ocasiones), reaccionan muy airadamente.
Hemos evitado las autopistas siempre que nos ha sido posible. Aún, así estas también son interesantes, sobre todo para hacerse una idea del parque móvil del país. En cuanto a los coches, son todos de gasolina, los hay de todos los tamaños (a partir del medio-grande, por supuesto) y formas, aunque han perdido práticamente la personalidad de los clásicos coches americanos de años atrás. Lo que ahora se ve es de un estilo a medio camino entre europeo y oriental con algunos detalles de gusto americano. Más o menos la mitad de los coches son japoneses-coreanos, aunque acaban no siendo demasiado diferentes de los de las marcas americanas "de toda la vida". Donde sí se mantiene un estilo propio reconocible es en los pick-ups (abundantísimos a partir del Medio Oeste) y, sobre todo, en los camiones, de los que es difícil ver dos iguales... y todos espectaculares (¡y corren mucho!). Tampoco faltan los moteros, sobre todo en Ohio e Indiana, montados en sus harleys (por supuesto) y con toda la parafernalia propia de la tribu (mucho cuero y edad avanzada: pocos menores de 50 años...).
04 septiembre 2009
Seattle
03 septiembre 2009
Llegada a Seattle
La primera impresión esta tarde en Seattle es que es una ciudad muy agradable. Respecto a las otras grandes ciudades que vimos, es más "llana" que Boston (y no en sentido geográfico, porque tiene calles empinadas, desde donde hacían rodar antiguamente los madereros sus troncos hasta el mar), y es menos exhibicionista que Chicago. Vuelven la variedad étnica y los alternativos, después del blanco impoluto y tradicional del far west (ya nos hicieron una broma al tomar el ferry hacia Olympic Park, cuando nos recalcaron que en Washington cargaban los coches al barco empezando siempre por la fila de la izquierda).
Olympic Peninsula 2
No voy a ocultar que teníamos una cierta ilusión por darnos un baño en el Pacífico y, entre otras razones, ese había sido el motivo por el que habíamos buscado un hotel de playa. Pues bien, el hotel ha resultado fantástico, con habitación con vistas al océano y un estupendo restaurante marinero (4 semanas después volvemos a probar el pescado); pero el día nos ha amanecido brumoso. Por si fuera poco, un señor muy amable nos ha comentado que:
1. el agua es gélida
2. al tratarse de océano abierto, las corrientes y la resaca son muy fuertes
3. en el mar flotan troncos que, arrastrados por las olas, pueden golpearte
Puestas así las cosas, tras una reflexión, decidimos que quizás haya una ocasión mejor para el baño y enfilamos hacia nuestro objetivo del día: una exploración del Quinault Lake. Es otro increíble lago glaciar, rodeado de intrincados bosques de cedros, otros árboles autóctonos y diversas especies de helechos (tempered rain forest le llaman). Junto al lago, después del paseo por el bosque y del picnic reglamentarios, nos hemos tomado un café (de los de verdad, con taza y todo) en el precioso salón acristalado, y con mucha madera, de un hotel clásico (edificio catalogado, construido hacia 1920) que, por lo que parece, es un refugio de escritores e intelectuales varios (aunque no nos dio la impresión de que hubiera ninguno por allí en aquel momento).